¿Qué es Conocerse a Uno Mismo?

¿Alguna vez se preguntaron por qué se habla tanto del autoconocimiento?. Tal vez escuchamos varias veces esta palabra, pero no siempre tenemos claro de qué se trata. Seguramente estemos de acuerdo en que una parte de nuestros pensamientos, emociones, imaginación e instintos no surgen por nuestra voluntad y que muchas veces hasta van en contra de lo que queríamos sentir, pensar, decir o hacer. De modo que autoconocernos significa; por un lado, entender el orígen de estos pensamientos, sentimientos, etc. y dejar de sufrirlos, por el otro, simplemente modificar conductas que ya no queremos tener más.

Ahora bien, con respecto a la concentración, la intuición, la inspiración, la creatividad, ¿qué opinan? ¿Realmente existe la posibilidad de enseñar esas facultades? ¿O será que eso llega de otra forma? En principio, algunas de estas “virtudes” se pueden ejercitar a través de prácticas específicas (algunas de las cuales pueden encontrar en este blog).

Sin embargo, desarrollar estas facultades depende fundamentalmente de que aprendamos a prestarnos atención a nosotros mismos conociendo nuestros verdaderos anhelos, nuestra vocación y aquello que nos genera un verdadero disfrute interno, a nivel prácticamente espiritual.
Desde la antigüedad, los sabios de diferentes culturas nos hablan sobre la importancia de conocernos a nosotros mismos. (ver más en “qué es conocerse a sí mismo?”)

Esto implica reconocer todo lo que sucede y deja de suceder en nuestro interior: pensamientos, emociones, instintos, acciones, etc., con el objetivo de poder actuar y vivir de acuerdo a nuestra forma de comprender el mundo. Es decir, no dejarnos engañar por equivocaciones, opiniones, creencias que podemos estar arrastrando dentro de nosotros mismos. Esto se traduce, a fin de cuentas, en ser más conscientes.

Ser Uno Mismo

“Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos. -No sé quién soy... -se lamentaba-.

-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas... -No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!! Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó: -No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior... ¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos. Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole: "Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano.

Tampoco florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.”

Despertando conciencia podemos descubrir quienes somos realmente. Despertando conciencia tenemos la oportunidad de recrear y expresar nuestra belleza interior en nuestra manera de pensar, sentir y actuar. Despertando conciencia podemos comprender que lo importante no es imitar, sino expresar esa particularidad individual. Despertando conciencia podemos comprender que si vivimos pendientes del “que dirán” esclavos seremos.

¡La llave de la Felicidad!

Buscamos por todos lados pero... ¿dónde se perdieron? ¿dónde se escondieron? ¿dónde están? Vamos a ser felices... ¿En el futuro? ¿En las próximas vacaciones? ¿Con un mejor trabajo? ¿Cuando el clima mejore? ¿cuando los demás sean a mi gusto? ¿Cuando tenga mucha plata? …

Cuenta una leyenda...

“En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra. Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

-¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

-¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarán las llaves de la Felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar...

-¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la Felicidad se escondieron dentro del corazón de cada hombre.”

Si algo nos aburre, nos agrada, nos molesta, nos da envidia, no son más que estados que se generan por la forma en la que percibimos e interpretamos la vida. Sólo cambiando nuestro interior, sanando nuestro corazón, mejorando nuestra psicología, podemos lograr que cambia la forma en que nos sentimos en todo momento.

Por más que se sucedan los acontecimientos más esperados, espléndidos o hermosos , si en esos momentos no estamos en el estado interior apropiado, los mejores eventos pueden parecernos monótonos, sin sentido o simplemente aburridores…